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Las relaciones banca industria son una forma sintética de denominar la complejidad jurídica e institucional que define en cada país la financiación de la economía real. Son unas relaciones que han ido evolucionando e hibridándose desde las originarias características de los sistemas anglosajón y renano, en los que primaban los mercados financieros o la banca, respectivamente, en la financiación del sistema empresarial; y que se relacionaban también, en uno y otro caso, con formas liberales o participativas en sus economías y con la primacía de los accionistas (Shareholders) o los grupos de interés en el gobierno de sus empresas.

Las formas usuales de medir el peso de la banca y de los mercados financieros en la canalización de los fondos prestables provenientes del ahorro hacia la economía real son sendas ratios; los Activos Totales Medios ATM de la banca respeto del PIB, y la capitalización Bursatil respecto de dicho PIB Y si bien es cierto que el peso de la banca sigue siendo muy elevado respecto de la economía en los países ejemplo de economías participativas como Alemania (2,5 veces su PIB en 2013 ) y Japón, y en los mercados bursátiles en los prototípicos de economías liberales, como EE.UU. y Reino Unido (con capitalizaciones bursátiles de alrededor de 1,3 y 1,5 veces sus respectivos PIB EN 2013), las diferencias de antaño se van atemperando por cuestiones tan diversas como las características diferenciadoras de los sistemas empresariales, La desintermediación financiera o la regularización.

El caso español, sin embargo, sigue mostrando un elevado grado de bancarización, tanto de forma directa con unos ATM del sector bancario que suponían cerca de 3,5 veces el PIB en 2013, como de forma indirecta, con una capitalización bursátil de alrededor de 0,7 veces el PIB, también en 2013, pero en la que también tenía una elevada representación el sector bancario. Unas características institucionales en lo financiero que se unen a una estructura empresarial compuesta en un 99,88% por Pymes, que se ven así abocadas para su mera supervivencia el crédito bancario en su financiación externa, al crédito comercial en sus relaciones empresariales y a la generación interna de recursos, dada su absoluta separación del mercado bursátil. Unas pautas estructurales que se agravan cuando, como en la situación actual, las empresas intentan superar una larga y profunda crisis, y al tiempo, abordar un cambio de modelo productivo hacia actividades industriales y de alto valor añadido que generen competitividad sostenible y no sólo temporal como la rebaja a ultranza de los costes laborales.

Y en este punto es en el que resulta pertinente diagnosticar los rasgos preocupantes de la actual financiación bancaria a la industria, recurriendo a los datos del Estudio sobre las PYMES con forma societaria que cada año publica el Colegio de Registradores, a partir del tratamiento de los depósitos de cuentas que realizan su Centro de Procesos Estadísticos. Y que resultan concordantes, por otra parte, con los que proporciona el Proyecto BACH (Bank for the Accounts of Companies Harmonised) a través de las Centrales de Balances de 11 países de la UE, a efectos de situarlos en perspectiva internacional.

El primer rasgo de la financiación bancaria a la industria, en los principales países europeos es que resulta inferior (DEC TOT, Deudas bancarias totales como % del balance de las empresas) a la que se proporciona al total de empresas no financieras. Y ello a pesar de que la rentabilidad económica (ROA, Return On Assets) de las empresas industriales resulta superior, salvo en el caso de Holanda, a la del total de empresas. Siendo de destacar asimismo que la carga fiscal que soportan las empresas por el Impuesto de Sociedades (diferencia entre ROE, Retum On Equity, antes y después de los impuestos) es mayor en las empresas industriales que en el total de empresas no financieras de cada país.

El segundo y tercer rasgos de la financiación bancaria a las empresas industriales, como se puede apreciar en el caso español en 2013 con deudas bancarias totales (DEC TOT/PT) que suponían el 14,5% de su balance, son que está inversamente relacionada, con la dimensión de las empresas y que tiene mayor peso en el corto (DEC CP/PT) que en el largo plazo (DEC LP/PT). Lo que obviamente significa mayor dependencia del crédito bancario conforme es menor la dimensión de las empresas industriales, y mayores sus costes y sus requisitos de renegociación.

El cuarto rasgo, considerando el perfil de la crisis reciente, es que la financiación bancaria actúa claramente de manera procíclica en el caso de las empresas industriales españolas (al igual, por ejemplo, que en las de Italia o Francia), reduciéndose dicha financiación conforme son mayores las necesidades financieras de las empresas. Si bien ese comportamiento se atempera o sugiere incluso actuar de manera anticíclica en países como Alemania , Polonia o Eslovaquia.

El quinto y tal vez más preocupante rasgo de la actual financiación bancaria a la industria en España, teniendo en cuenta su necesidad de invertir en factores intangíbles de competitividad como la I+D, es el que actúa de forma inversamente proporcional con la cuantía de dicha inversión. De manera que conforme aumenta la financiación bancaria más se reduce la inversión en I+D de las empresas industriales.

Unos rasgos, en definitiva, de los que emerge una somera e inquietante conclusión: aun suponiendo que se reduzcan las actuales restricciones en la concesión de crédito bancario, resulta dudoso que las características actuales de la financiación bancaria a las empresas industriales permitan a estas remontar la salida de la crisis y, mucho menos, abordar la reindustrialización y el cambio de modelo productivo que precisan la economía y la sociedad española.

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